
Este autoestopista también ve la televisión, y a veces se lleva grandes sorpresas. Hoy he visto un episodio de V.I.P., esa serie de acción-comedia-camp encabezada por la explosiva -el término es típico pero preciso- Pamela Anderson.
He de confesar que, con ese gusto postmoderno por lo kitsch, lo trash, lo camp y, para utilizar nuestra sacrosanta lengua, lo hortera, lo cutre y lo chabacano, de un tiempo a esta parte veo con cierta asiduidad V.I.P., que, para los que no lo sepan, es el acrónimo de Valery Irons Protection, la agencia de guardaespaldas que lidera el personaje de Pam casi por casualidad. Así que lo que motiva estas líneas no es el simple descubrimiento de esta serie con todos los boletos para considerarse de culto allá para cuando tengamos nietos, sino el argumento del episodio de hoy, que tras googlear puedo decir que es el episodio 16 de la tercera temporada, titulado en inglés "Goodfidellas". El argumento viene a ser algo así:
Los miembros de la agencia V.I.P. están malbailando ritmos latinos en su local favorito, el Foam, cuando como es frecuente en la serie hay un puntero de láser en la cabeza de Val-Pam y eso quiere decir que la cosa está muy mala. Hay un tiroteo-follón, que probablemente volatilice las posibilidades comentadas de atraer a Jennifer López al club, pero no hay bajas que lamentar. La friki de la agencia, a través de un mega-super-utópico-software, revisa las cámaras de seguridad del local y descubre que no era Valery el verdadero blanco, sino el tipo de detrás, un ricachón latino viejo verde y fumapuros. Quick, uno de los miembros más carismáticos de la agencia -al margen de Val, claro-, le ofrece protección y es el comienzo de una bonita amistad.
Ahora viene lo fuerte: de la pequeña investigación de la agencia -y en la que Val no interviene activamente, como en nada, ella simplemente está ahí para hacer comentarios jocosos, lucir modelitos y hacer alguna que otra proeza por casualidad-, y de los pequeños detalles biográficos que el tipo comparte con Quick, se concluye que el protegido no es otro que Fidel Castro, que de vez en cuando entra anóninamente en Estados Unidos atraído por una de sus grandes pasiones, el béisbol. Quick es el último en creérselo, le hace reproches al supuesto Fidel por no habérselo contado, etc. Ah, lo olvidaba: uno de los momentos clave de la anagnólisis es cuando los guardaespaldas más cool de la televisión garabatean una barba en la foto del protegido amenazado y, efectivamente, advierten el parecido -que en realidad no es tanto, he de decir.
Ahí es cuando te paras y te preguntas: ¿serán capaces de llevar el argumento hasta el final? No, no, seguro que en un momento dado resulta que es todo un malentendido y que ese tipo no es el líder revolucionario cubano. Qué ingenuidad: en esta serie todo puede pasar, y el episodio termina finalmente sin que se descarte la identidad célebre del personaje, y además en agradecimiento Quick recibe a los pocos días una caja de puros cubanos de la marca personal de Fidel. ¡Toma ya!
Pues bien, esos son los milagros del camp: siempre te sorprende, nunca sabes cuán bajo puede caer, y su bajeza es su grandeza. Entre las obras geniales y las que se querían geniales y se quedaron en el camino, están las que exprimen deliberadamente el charme de lo cutre. Disfrútenlas.
3 comentarios:
Me recuerda un poco al célebre capítulo de McGiber y los vascos (si no lo conoces googlea un poco que aparece rápido).
Supongo que es el encanto de estas series. Verlas 20 años después, reirte y hasta pasarlo bien.
Si fueras contemporáneos a cuando se estrenó seguramente no verías ni medio capítulo... ¿o tal vez si?
Me recuerda un poco al célebre capítulo de McGiber y los vascos (si no lo conoces googlea un poco que aparece rápido).
Supongo que es el encanto de estas series. Verlas 20 años después, reirte y hasta pasarlo bien.
Si fueras contemporáneos a cuando se estrenó seguramente no verías ni medio capítulo... ¿o tal vez si?
Jeje sí, conozco ese infame episodio de MacGyver, un gran monumento a la falta de documentación.
De todos modos, todavía no han pasado 20 años desde V.I.P., que al parecer llegó hasta 2002, aunque me da que en España hubo temporadas que ni siquiera conocimos. Ay (suspiro) cuánto nos hemos perdido...
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